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La nutricionista y  una de nuestras #Slowbestfriends Mariana Aróstegui enfoca toda su energía en ayudar a las personas a cambiar sus hábitos alimentarios y sobre todo, en nuestro blog nos informa acerca de los beneficios, las ventajas o incluso los inconvenientes de consumir ciertos productos. En este post para Slow Love nos resuelve la incógnita sobre la leche, ¿realmente es necesaria y buena para nuestra salud?

 

 

Durante las últimas décadas los profesionales de la salud, los medios, la industria e incluso las organizaciones públicas nos aconsejan beber leche animal porque es un alimento imprescindible para nuestra salud, sobre todo para la salud ósea. No obstante, en los últimos años surge el debate sobre si la leche es realmente necesaria y si se trata de un alimento saludable para nosotros.

El punto de partida es que la leche no es necesaria para nuestra salud. A pesar de que desde pequeños nos han aconsejado beber leche para crecer y tener huesos fuertes, el ser humano no necesita ingerir este alimento a partir de los 2 o 3 años de edad, cuando ocurre el destete. Desde ese momento y durante el resto de nuestra vida, como ocurre con el resto de mamíferos, no necesitamos leche para crecer ni para tener un óptimo estado de salud, ni siquiera en momentos específicos de la vida de la mujer como el embarazo, la lactancia o la menopausia.

Pero es que, además, existen numerosos estudios de relevancia que demuestran que la leche no es del todo un producto saludable. Por un lado, un mayor consumo de leche se asocia a una mayor fragilidad ósea y a una mayor probabilidad de sufrir osteoporosis, sobre todo si se consume en la edad adulta (1). Y es que la leche, en vez de generar huesos fuertes, los desmineraliza porque, al ser un alimento altamente ácido, su consumo excesivo lleva a que nuestro organismo tenga que utilizar el calcio de los huesos para mantener el pH sanguíneo en su punto correcto. Así que los huesos pierden calcio y se vuelven frágiles. De hecho, los países que más leche consumen son los que tienen mayores índices de fragilidad ósea presentan. Por otro lado, la leche es un alimento difícil de digerir por la presencia de determinadas proteínas que son susceptibles de generar reacciones inflamatorias en nuestro cuerpo (2). Además, el consumo de leche también se asocia con alteraciones hormonales, ya que contiene hormonas de la vaca que alteran el correcto funcionamiento de las hormonas sexuales femeninas (3), así que una dieta para incrementar la fertilidad debe excluir la leche. Por último, el consumo de leche también se asocia a otros síntomas como son afecciones de la piel, acné (4) o un incremento en la mucosidad. Puedes probar retirarle los lácteos a un niño con mocos y ver como mejoran los síntomas.

Por otro lado, nuestro organismo está hecho para consumir leche solamente en los primeros años de vida hasta el destete y, con el tiempo, puede ocurrir que el organismo deje de fabricar la enzima encargada de digerir el azúcar de la leche, la lactosa. Es lo que se llama intolerancia a la lactosa y en España, según la Sociedad Española de Patología Digestiva (5), ocurre en el 30-50% de la población, generando multitud de síntomas y problemas digestivos, que acaban en inflamación, sobrecrecimiento bacteriano y permeabilidad intestinal.

 

 

 

Dicho esto, la nutrición debe siempre enfocarse desde un punto de vista individualizado y las recomendaciones nutricionales siempre deben ser personalizadas. Existen muchas personas a las que les encanta beber leche y que, además, les sienta bien. En esos casos, no tiene sentido alguno evitar este alimento. Lo que sí es importante es saber que no todas las leches son iguales. Las leches de ganadería intensiva convencional, que son la mayoría de productos que encontramos en el supermercado, están muy lejos de ser el alimento que hemos ingerido durante cientos de años. Actualmente, los animales que producen esa leche viven explotados, se alimentan de piensos transgénicos y están toda su vida sometidos a antibióticos. Lo que significa que son animales enfermos y estresados. Además, esta leche es posteriormente procesada mediante homogenización y pasteurización, procesos que han permitido evitar las infecciones pero que reducen drásticamente el poder nutricional de la misma, minimizando la presencia de algunos nutrientes relevantes como muchas vitaminas. Para evitar esto la mejor opción es consumir leche ecológica, producida por animales que salen al aire libre, comen hierba y piensos ecológicos y están libres de antibióticos. Además, esta leche es mucho más alta en nutrientes (6). Pero, además, es mejor consumir leche de cabra que de vaca porque se digiere más fácilmente (7), es menos inflamatoria (8) y es más nutritiva (9), ya que algunos minerales como el calcio, el hierro, el magnesio o el fósforo están más biodisponibles en la leche de cabra, es decir, que se absorben mejor.

Como últimas consideraciones cabría decir que, así como la leche puede generar problemas, los productos fermentados derivados de la misma, como el yogur, el queso o el kéfir, tienen efectos positivos en nuestro organismo. Se digieren más fácilmente y son ricos en bacterias beneficiosas (probióticos) cruciales para la salud. Eso sí, deben consumirse siempre en su versión entera y natural. Por último, si decides no consumir leche, pero te preocupa tu salud ósea, haz ejercicio -sobre todo de fuerza y levantamiento de pesas- y consume alimentos ricos en calcio alternativos a la leche como son los frutos secos, hojas verdes, legumbres, sardinas, higos, brécol, langostinos o semillas de sésamo.

 

@organicallym

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